XLVI aniversario luctuoso del General Lázaro Cárdenas del Río

Morelia, Michoacán
19 de octubre de 2016

Señoras y Señores:

La Revolución Mexicana ha seguido, desde su origen y a través de su historia, un anhelo de justicia social…Tengo presentes de manera indeleble las impresiones que durante mi campaña electoral pude recoger: profundas desigualdades e inicuas injusticias a que están sometidas grandes masas, impropias de un país que, como el nuestro, tiene los recursos materiales suficientes para asegurar una civilización justa.”

Esas palabras, tan vigentes en la actualidad, fueron pronunciadas hace más de 70 años, el 30 de noviembre de 1934, por Lázaro Cárdenas del Río, en su mensaje inicial al asumir el cargo de Presidente de la República.

Este mexicano de talla internacional, que mantuvo grandes similitudes con hombres que hicieron Patria, como Morelos y Juárez, trascendió a la inmortalidad, al dedicar su vida a luchar por la justicia social en México.

Hoy 19 de octubre, al cumplirse 46 años de la desaparición física del General Lázaro Cárdenas, honramos la memoria del estadista, visionario, patriota y nacionalista, pero también del gran ser humano, hombre sencillo y humilde, preocupado siempre por el prójimo, principalmente por los más necesitados.

Indudablemente es el gran realizador de los principales objetivos de la Revolución Mexicana; con la nacionalización del petróleo puso las bases para el desarrollo económico nacional e independiente de México; con la Reforma Agraria realizó en su esencia los sueños de Zapata y de muchos otros revolucionarios que habían luchado por la tierra en beneficio de todos.

Con su política internacional se situó como un Jefe de Estado y un luchador incansable por la paz y la libertad de hombres y pueblos; es decir, su personalidad de héroe mexicano en la historia de México y notable constructor de la misma, no se refiere únicamente a la expropiación petrolera, aunque esa decisión contiene uno de sus grandes méritos, sino a un conjunto de acciones y decisiones que trascienden, con mucho, tal o cual redacción de la ley constitucional que consagra la nacionalización de los hidrocarburos.

A Lázaro Cárdenas se debe el mayor reparto agrario en este país, pero sabía que repartir la tierra no agotaba ni resolvía el problema agrario, había que trabajar la organización y el apoyo técnico y crediticio, por lo que promovió la organización campesina más importante en México y después organizó a los trabajadores, en un sindicalismo orientado a la defensa de sus derechos constitucionales.

Con frecuencia suelen confundirse la fuerza y la firmeza. No son la misma cosa. El que es fuerte impone; el que es firme convence.

La firmeza, en cambio, como método invariable de proceder, fomenta la justicia y la democracia. El insulto, la amenaza y la agresión, son recursos de quienes todo lo supeditan a la fuerza; en cambio, el respeto, la tolerancia y la temperancia, son conducta inequívoca de aquellos que cultivan la firmeza.

Lázaro Cárdenas del Río, a lo largo de su vida, fue un hombre firme, extremadamente firme, que en muy escasas ocasiones recurrió al uso de la fuerza. Fue siempre un líder, nunca un caudillo; fue hombre de ideas libres, no de creencias ciegas.

La supresión del Maximato, la Reforma Agraria, la Expropiación Petrolera, el apoyo a la República española, el fomento a la educación laica, gratuita y obligatoria, así como la defensa de la soberanía nacional, entre otras, son producto de su vigoroso carácter; firme e incorruptible que legó a México instituciones permanentes, grandes obras de beneficio social, convicciones sólidas y -lo que tal vez sea más importante- un imperturbable ejemplo de integridad, congruencia y patriotismo.

Fue un hombre más de hechos que de palabras. Enfocó mucho de su quehacer en crear y fortalecer instituciones, tales como el Instituto Politécnico Nacional, el Colegio de México, el Colegio de México (Colmex), la Escuela Nacional de Educación Física y el Instituto Nacional de Antropología e Historia, lo que hizo trascender su figura como estadista.

Sensible ante la injusticia, Cárdenas entendía que la desigualdad cancela oportunidades y por lo mismo debe ser erradicada; que el valor del trabajo debe ser retribuido para que el obrero pueda, junto a su familia, formar un patrimonio; que el campesino al producir los alimentos de la sociedad debe disfrutar de los beneficios de su actividad productiva; y el prestador de servicios, profesionista, emprendedor y promotor debe coadyuvar a las buenas relaciones en un espacio de intercambio de bienes y servicios, de gestión y promoción.

Este michoacano ejemplar fue estratega militar, funcionario, gobernador, secretario de Estado y Presidente de México, impulsor de leyes fundamentales, escritor, político consumado: en síntesis, un hombre de estado con una clara visión de futuro y una firme determinación para construirlo, a través del trabajo y políticas públicas de largo alcance y a través de su ejemplo.

Hombre de su tiempo y héroe atemporal, en su vida y en cada acción de gobierno que le tocó ejercer, se observa la congruencia entre el decir y el hacer, lo que le ganó el cariño que muchas generaciones han sentido y sienten por el “General de América” como le llamó el poeta Pablo Neruda, quien se refirió a él diciendo:

, la mirada de Cárdenas brilló en la noche del hombre. General, Presidente de América, (….) has abierto las puertas y las manos al errante, al herido, al desterrado, al héroe (….) y tocaste con tus manos las mejillas del hijo que parió, con lágrimas, la tormenta del mundo”.

Es el revolucionario que supo enterrarse en el pueblo para florecer en él, fiel a su origen supo, en la congruencia y en el compromiso, dar sentido a su vida, dedicándola en largas jornadas de trabajo y diálogo para gestionar mejores condiciones de vida para los mexicanos.

Es el revolucionario que supo dejar huellas y borrar cicatrices para fortalecer el tejido social en la emergencia ciudadana que transformó este país de hacendados y peones acasillados, analfabetas y sin servicios, a uno moderno con educación y servicios de salud, con comunicaciones y de oportunidades, y sobre todo un país que desafía a la adversidad para construir un futuro diferente, un pueblo que piensa en grande, que reclama su lugar en el concierto internacional.

En la sencillez de su grandeza, el General Cárdenas valoró el cariño sincero y desinteresado del pueblo, de los obreros, de los campesinos, de los estudiantes, de los profesionistas, de los indígenas que en él encontraron el consejo oportuno, la gestión adecuada, el apoyo anhelado, consagrándose así la figura del “Tata”, que significa una suerte de padre que se gana con y en el corazón de un pueblo que necesita de paradigmas sociales para forjar su destino.

Decía Gabriel García Márquez “La muerte no llega con la vejez, sino con el olvido”, y en esto se funda la inmortalidad y trascendencia del último héroe de México. Hay un pueblo que lo vive, que no lo olvida y sus enseñanzas son referentes del qué y del cómo del desarrollo nacional.

Su nombre es calle, escuela, hospital; es pueblo, es puerto, es dique que contiene y es fuerza que se rebela para que la política tenga rostro humano.

La obra de Cárdenas no se reduce al interior del país, ya que supo encarnar el compromiso solidario con los luchadores de la libertad. Jugó un papel clave como embajador de paz, amor y fraternidad e hizo de México un refugio universal para los perseguidos de la intolerancia, abriendo las puertas a los españoles republicanos que el dictador Franco condenó al exilio.

Mucho tenemos los mexicanos que aprender del General Lázaro Cárdenas del Río. Pero más aún tenemos que aprender de él quienes actualmente gobernamos.

En nuestra oportunidad de cumplir con el deber que la ciudadanía nos confirió, de servirla, los gobernantes no debemos incurrir ni permitir, por ningún motivo, la corrupción, la omisión, la indolencia ni la frivolidad en el ejercicio del poder público.

Tampoco debemos ser omisos ante la injusticia y la miseria, así como jamás debemos dar pretextos para que brillen por su ausencia la humildad, el espíritu de servicio y el decoro que distinguieron al gobierno del General Lázaro Cárdenas.

Un gobernante se mide por el arrojo -que no por la temeridad- con que enfrenta los retos que le surgen en el camino. En la valiente firmeza del General Cárdenas está el ejemplo más formativo.

Nada debe intimidarnos si de manera legítima y honesta actuamos en beneficio de la sociedad y de acuerdo a su mejor interés. Como en su momento Cárdenas lo hiciera, las decisiones pueden entrañar dificultad e incluso resquemor, pero deben ser ejecutadas con mano firme, por duras que parezcan, pues obedecen a un fin superior: el bienestar y el progreso de nuestros conciudadanos y de nuestros pueblos.

Hace exactamente cuarenta y seis años, mientras el cortejo fúnebre se encaminaba hacia la columna del Monumento a la Revolución, donde descansarían los restos mortales del General Lázaro Cárdenas, un exiliado republicano, al ver el féretro, gritó con todas sus fuerzas a la multitud: “¡Españoles, descubríos que va pasando un hombre!”

En efecto: iba pasando un hombre. Un hombre cabal, que cambió una nación, que amparó a los humildes y a los perseguidos, que defendió la soberanía de su país y que infundió siempre y para siempre en sus compatriotas un sentimiento de orgullo y dignidad.

En honor a su memoria, trabajemos cotidianamente por hacer de nuestro Michoacán, nuestro México, un lugar más justo, más próspero y más seguro, donde todos tengan una oportunidad de progresar y de ser felices.

Asumamos el compromiso de consagrar nuestra vida a ello, como lo hizo el General Lázaro Cárdenas del Río, el gran presidente de México.

Muchas gracias.