CCII Aniversario de la Instalación del Primer Tribunal Supremo de Justicia para la América Mexicana

Ario de Rosales, Michoacán

7 de marzo de 2017

En Michoacán está el origen de la Patria mexicana. Somos herederos del espíritu revolucionario que conspiró para la Independencia. Aquí nacen las instituciones, en Zitácuaro se instauró el primer gobierno insurgente, en Apatzingán se dio a conocer la primera Constitución para la América Mexicana de 1814 y en Ario de Rosales se instauró el primer Tribunal de Justicia.

Nos fue legado el espíritu liberal de Melchor Ocampo y de Lázaro Cárdenas del Río, así como de Francisco J. Múgica, gran ideólogo y diputado constituyente.

Hoy Conmemoramos 202 años de la creación del Primer Tribunal de Justicia de nuestro país, el cual nace como resultado del Decreto para la Libertad de la América Mexicana, que fuera sancionado por el primer constituyente en Apatzingán.

El 7 de marzo de 1815 se instaló aquí en Ario el Supremo Tribunal de Justicia, como depositario del Poder Judicial de la Nación.

Se trata, de un acto fundacional que formalizó las instituciones del naciente Estado mexicano y que en sí mismo debe considerarse uno de los grandes y más perdurables logros que nos legara don José María Morelos y Pavón.

El ejercicio de aquel Supremo Tribunal de Justicia fue de primera importancia para imponer el Estado de Derecho a la Patria naciente.

Con un empeño digno de nuestro mayor reconocimiento, sus primeros integrantes, don José María Sánchez de Arriola como presidente, y los señores José María Ponce de León, Antonio de Castro y Mariano Tercero, buscaron que todo ciudadano tuviera una institución para escucharlo y protegerlo, en el marco de la ley, frente al abuso de quienes por la fuerza y la intimidación intentaban hacer prevalecer sus privilegios y sus ventajas sobre los débiles y desamparados.

La buena Ley, que ambicionaba el Siervo de la Nación, solo es posible en la correcta interpretación de su texto y de su espíritu.

Cobra vigencia el ideario constitucional de Morelos que señala: “que todo aquél que se queje con justicia, tenga un tribunal que lo escuche, lo ampare y lo defienda contra el arbitrario”.

El principio de justicia radica en la adecuada ponderación de causas y circunstancias a las que está obligado el juzgador para la formulación de la sentencia. En suma: dar a cada quien lo que le corresponda.

Si la práctica del juzgador se reduce a la simple aplicación de la norma, acartonada y mecánica, se cumple la ley, pero no necesariamente se obtiene justicia.

El ejercicio del Supremo Tribunal de Justicia mantiene sustantiva y de primera importancia la tarea de hacer del Estado de Derecho el camino hacia la consolidación del nuevo Estado mexicano.

Hoy en día, contamos con el Nuevo Sistema de Justicia Penal, que busca garantizar a la víctima la reparación del daño y al imputado la condena adecuada, fortaleciendo la figura del juez y encumbrando el respeto a los derechos humanos.

En esta época cobra mayor relevancia ir más allá de aplicar la ley, debemos poner a la persona en el centro de la búsqueda de la justicia; entendida ésta como un bien moral, como una actitud personal del ser humano; pero también como una responsabilidad del Estado.

El ejercicio óptimo del Poder Judicial es sustantivo para la consolidación de las instituciones del Estado, y para su efectividad es imperativa la coordinación adecuada entre los poderes Ejecutivo y Judicial.

En mi responsabilidad como titular del Ejecutivo estatal, ratifico mi compromiso de trabajar de manera cercana y coordinada con este poder autónomo y, cada quien, en el ámbito de nuestras responsabilidades, pueda atender y realizar las acciones necesarias para garantizar a la población, una eficiente impartición de justicia.

Un sistema de justicia eficiente y certero propicia la inversión productiva, el crecimiento económico y el desarrollo social que demanda nuestro país.

El Poder Judicial también es el garante de la constitucionalidad. De ahí que sea el responsable de emitir recomendaciones que deben ser acatadas cuando alguno de los otros poderes se exceda en sus atribuciones constitucionales.

Sin embargo, no debemos de dejar de lado que la impunidad que vulnera nuestra vida pública y social requiere ser atacada de raíz. La impunidad de quienes han abusado, delinquido y robado, ofende a los ciudadanos decentes; carcome las instituciones; y anula toda posibilidad de edificar el modelo de bienestar, justicia y progreso que la sociedad demanda.

La vida democrática de una sociedad está sustentada en la estricta aplicación de la Ley, sin excepciones ni componendas, para todos y en todo momento.

El castigo oportuno y ejemplar a quienes delinquen es requisito ineludible para fomentar la confianza ciudadana en las instituciones y en la actividad pública, confianza que al día de hoy se encuentra seriamente cuestionada.

Como un elemento imperativo de congruencia ética, la honestidad y el decoro deben ser los preceptos que rijan nuestra conducta pública y personal.

Amigas y amigos:

Ante los retos internos y las amenazas que provienen del exterior, alcemos la mira, ¡Cuidemos a México y a nuestras instituciones!

No es con ocurrencias ni con ofertas simplistas, visiones unipersonales o promesas mesiánicas -que casi siempre derivan en engaños -, como habremos de construir un mejor país.

Por el contrario, es con la inclusión, con el pensar y actuar colectivo, con la aplicación de leyes más justas y equitativas, y con el fortalecimiento de nuestras instituciones, como habremos de contribuir al fortalecimiento de esta gran Nación.

Cuidémonos de los aventureros ideológicos que le apuestan a “todo” con tal de satisfacer obsesiones personales; que “todo” lo prometen, y por carecer de una visión de Estado, tienen un “sí” para cada grupo y una incapacidad para armar el rompecabezas que resulta de sus ocurrencias.

Este es el momento de honrar el legado de Morelos y del Constituyente de Apatzingán. Es el momento de rendir homenaje a los integrantes de aquel Primer Supremo Tribunal de Justicia, a través de nuestro esfuerzo diario y nuestro compromiso con la Ley, con la justicia y con los valores de sobriedad, dedicación y probidad que postula la República.

Es el momento de reafirmar la unidad nacional y destinarla al interés superior de México.

Los invito, fraternalmente, a no cejar en dicho empeño, en la inteligencia de que estaremos construyendo la Patria justa, solidaria y próspera que todos anhelamos, la que soñó Morelos y por la que pugnaron los constituyentes.

Muchas gracias.